EL NACIMIENTO DE ROMA




En sus orígenes Roma era sólo una aldea de pastores que vivían en lo alto de la colina del Palatino. Esta colina estaba próxima a un vado para poder pasar el río Tíber. El control del vado y el comercio hizo prosperar a este pueblo que creó un imperio que perduraría durante siglos y que dominaría desde Britania y Germania al norte hasta el río Éufrates al este.

Este humilde comienzo no gustaba a los descendientes de estos pastores, así que inventaron una historia mítica para explicar sus orígenes:

Después de la guerra de Troya, el hijo del héroe Eneas fundó la ciudad de Alba Longa. El último de sus descendientes, Numitor fue destronado por su hermano Amulio y éste se convirtió en rey.

El dios Marte, enfadado, hizo engendrar a la hija de Numitor dos gemelos: Rómulo y Remo, que fueron arrojados al Tíber por su tío, el rey Amulio. Milagrosamente, Rómulo y Remo fueron salvados y amamantados por una loba, y luego criados por un pastor. Cuando crecieron y conocieron sus orígenes, decidieron matar a Amulio y repusieron en el trono de Alba Longa a su abuelo Numitor. En el lugar donde fueron encontrados por la loba, fundaron una ciudad que se llamaría Roma.

Posteriormente, una discusión entre ambos hermanos acabó con la muerte de Remo a manos de Rómulo, a quien los dioses habían señalado como el gobernante de la nueva ciudad. Rómulo la pobló acogiendo a los perseguidos de otras ciudades y raptando mujeres de los pueblos vecinos.

Rómulo gobernó durante 38 años y fue el creador de las primeras instituciones romanas, entre ellas el Senado. También organizó la sociedad en dos clases: los patricios y los plebeyos.
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